El Pensamiento Realista en la Educación Emocional.

La capacidad de los seres humanos para engañarse a si mismos es casi ilimitada, lo cual hace que enseñarle a los niños el pensamiento orientado hacia la realidad ocupe su primer premio. Nuestro cerebro emocional parece tener la capacidad de vestirse con una armadura a fin de proteger sus deseos más fervientes del ataque del cerebro lógico. Como resultado de esto estamos continuamente haciendo cosas que no debíamos hacer.

El hecho de que hagamos cosas que nos perjudican con tanta frecuencia, indica que la evolución ha tomado un c camino equivocado en el desarrollo de la así llamada porción “lógica del cerebro”. Afortunadamente esto puede remediarse. Los niños pueden criarse para actuar en beneficio propio y de los demás.

Vivir en la Negación

Conspiramos con frecuencia de manera inconsciente con nuestros hijos para evitar una verdad dolorosa aun cuando nos enfrentamos a hechos concluyentes.

En tanto que seres humanos estamos todos sujetos a la negación y a la racionalización. Millones de adultos de otro modo razonables ingresan diariamente en los autos sin abrocharse el cinturón de seguridad o encienden un cigarrillo. Algunos de nosotros nos sentimos mas inclinados que otros a ocultar la cabeza en la medida en que queramos criar niños saludables tanto del punto de vista físico como emocional, debemos aprender a enfrentar la realidad.

Aclarar nuestras cabezas en la Educación Emocional

Lo opuesto al engaño de si mismo es el pensamiento realista, que ve al mundo tal como es y responde con decisiones y conductas adecuadas. Muchos de nosotros nos preocupamos por enseñarles a nuestros hijos de “las realidades duras de la vida”, estamos en realidad reforzando esta negación. En lugar de tratar de proteger a los niños de un problema, podemos ayudarlos más siendo veraces, por más dolorosa que pueda ser la situación.
Cuando les explicamos detallando los hechos desde nuestro punto de vista, aprendemos que tenemos la fuerza emocional para examinar y enfrentar incluso la situación más penosa. Esto transmite en forma implícita el mensaje de que ellos pueden hacer lo mismo.

Expertos afirman que los niños deben confiar en si mismos para enfrentar el divorcio de sus padres en lugar de suponer que sus padres siempre actuaran en su beneficio. Las investigaciones actuales son concordantes con este consejo. Muchos padres se engañan a si mismos, pensando que el divorcio produce efectos duraderos en los niños que pueden causar un trauma mucho después de haber crecido. Aun cuando no pareció haber ningún problema grave en el momento del divorcio. Wallestein denomina este fenómeno el “efecto adormecido”. Según este autor muchos de los problemas de los niños se deben al síndrome del “niño sobrecargado”. Cuando se produce un divorcio, los padres enfrentan momentos difíciles al tener que separar las necesidades de sus hijos de las propias dando mas tiempo y menos disciplina y generalmente mostrándose menos sensibles hacia sus hijos aun cuando señalen a menudo que nunca se sintieron mas cerca de ellos.

En su libro Richard Gardner les dice a sus jóvenes lectores que, aunque la mayoría de los padres aman mucho a sus hijos y tratan de hacer lo correcto respecto de ellos durante un divorcio, los padres a veces fracasan: hacen y dicen cosas que no son buenas para sus hijos y los niños deben aprender4 a reconocer esto y a tomar decisiones que redunden en su beneficio.

La mayoría de los padres aman mucho a sus hijos. Pero a veces los padres que aman muy poco o no aman nada a sus hijos dicen que su amor por ellos es muy grande.

Los padres que aman a sus hijos se sienten orgullosos de ellos y les cuentan a los demás los logros de ellos.

Gardner no cree que el juicio de un niño puede ser infalible pero si cree que los niños deben aprender a evaluar su situación en forma realista y actuar en su propio beneficio.

Los niños no pueden aprender esto si los padres son reservados o no son sinceros respecto delos problemas reales y advierte lo siguiente a los padres:

  • -No oculte sus sentimientos.
  • -No oculte sus errores.
  • -No tema decirles la verdad a los niños.

Fuente: Shapiro, Lawrence: La Inteligencia Emocional de los niños.

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